Las piedras de
granito se dejan adornar por un tapiz de mullido musgo. Musgo que
convive, que comparte espacio con otras especies. Observando cómo fluye
en ellos la vida, una toma distancia de sus propias corazas y se siente
ajena al mundanal ruido... Y por unos instantes, recuerda lo que es
llegar a conectar con la propia esencia. Muchas gracias a la lluvia cómplice de esta belleza.
No hay comentarios:
Publicar un comentario